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Las máscaras y el poder divino

El sociólogo americano Goffman describió las relaciones interpersonales de una forma bastante peculiar. En su explicación, él habla de que en el día a día nos ponemos diferentes máscaras, no puedo evitar pensar que este es un pensamiento prestado del año 1635 del autor Calderón de la Barca. En esta concepción sociológica de la obra teatral La vida es un sueño, se describe de una manera sutil la hipocresía del ser humano como una herramienta necesaria de convivencia. La elección de estas máscaras de las que habla Goffman se basa en las expectativas que tienen ciertos grupos hacia nosotros que somos miembros de aquellos. En este pensamiento veo reflejada una realidad que ha sido mía y de mis allegados en algún momento de nuestras vidas. Pero así mismo veo un problema crucial. ¿Cuál es la diferencia entre el verdadero ser y esas mascaras que por costumbre nos ponemos día a día? ¿Existe realmente la sinceridad? ¿Debemos aceptar que las otras personas no nos muestran su esencia?

Cielito Lindo

A mi compañera de vida, de alma, de sangre Querida mamá, me enseñaste el significado de amar y tengo la soberbia y la audacia de atribuirme ese mérito a mí, como si lo que hubiese aprendido, hubiera sido por mi cuenta, de pronto si, una parte, pero no puedo evitar pensar que todo es producto de tu semilla, esa linda y bella que con tanto amor y paciencia cuidaste hasta que empezaste a verla florecer y se te llenaron los ojos de lágrimas. No aprendí a gatear mamá y seguramente te burlabas de ese cómico amago de reptar, pero con ternura me enseñaste a caminar. No lo recuerdo, me encantaría tener eso en mi memoria, pero lastimosamente la evolución aún no nos da esa dicha así que solo me queda imaginarlo. Tampoco aprendí a hablar rápido, pero aprendí a usar las palabras como refugio cuando el sol deja de salir y ahora vengo a ti con este mamarracho, esperando que lo aprecies y sé que lo harás. Nunca fui deportista, pero amé el arte con mi vida y mi alma, tanto que decido dedicarme

Día a Día

En los primeros días de sol que nos regalaba la primavera, se calentaban las calles de esa ciudad mística, con aires de fantasía, por la cual paseábamos de vez en cuando, cuando   recordábamos que existía un mundo fuera de la casa. Todos esos tiempos son lejanos. Memorias que uno va desbloqueando cuando el primer rayo primaveral acaricia nuestra piel. El hedor era el mismo, uno neutral con sabor a esperanza, de seguir, de vivir después de morir. Un trabajo arduo me esperaba a la vuelta de la esquina, con sus papeles y exigencias me tomaba el tiempo, para comprobar que yo llegase temprano y decidí caminar despacio, lentamente saboreando las caricias de antaño, esas que ya solo habitan en mi recuerdo. El dolor es inmenso, como un puñado de hachas fugaces que vuelan y caen en mi cuerpo antes de darme cuenta para esquivar los ataques. Camino día a día sabiendo que vienen así de la nada, a irrumpir en mi proceso de encontrar paz. Pero camino. Sigo adelante. Un rechazo disc

El veredicto final

Las gradas de piedra antigua que se conservaban desde la edad media producían un eco enorme en ese pequeño túnel por el que caminaban, así distanciados, como si se tratara de dos desconocidos. Las luces fosforescentes de los faros alumbraban levemente el camino y se producía una sombra enorme, mas grande que ellos mientras su vida se hacia cada vez mas pequeña. Un antagonismo de la vida, del curso del tiempo, cuando los puntos son suspensivos, pero se sabe que pronto terminarán, su historia tendría un punto final, del cual ambos escapaban. Un beso más, un abrazo de esos fuertes que reparan el alma, pero los brazos del otro ya no eran el hogar que habían conocido. Todo había cambiado. La disonancia de sus pasos simulaba el sonido que producen las manecillas del reloj, era el destino que anunciaba su llegada y ellos esquivaban. Llegaron a la plaza pequeña al final del túnel y seguían sin tomarse las manos. Un silencio sepulcral yacía entre los diálogos que se avecinaban como av

Entre escombros y zombies

Mientras el mundo se derrumba, yo reconstruyo el mío. Siempre fuiste un hombre severo, pero mantenías  el equilibrio con un cariño inigualable. Un perfecto futuro doctor, que no tiembla al decir verdades y que deshaucia con ternura cuándo la vida que llevamos no va hacia adelante. Así mismo fue la hecatombe de nuestro amor, con un diagnóstico de metástasis lo dormimos para siempre, dejamos de alimentar nuestro cariño, el pasado, y aquí estamos viviendo después de nuestra muerte. Me enfrenté con tu mirada tan firme y entendí que el procedimiento a seguir era dejar de lanzar patadas de ahogado. Nos dejamos ir lentamente, mucho antes de la decisión final. Alargamos  el dolor sólo por la satisfacción de seguir siendo compañeros, se nos olvidó que nunca dejaremos de serlo. Ese puñado de promesas lo soltamos poco a poco y así se nos fue de las manos, mientras que una distancia implacable nos iba separando aún estando en la misma cama. ¿Cuál es el procedimiento doctor? Te mentiría

Si yo tuviera que contar una historia de amor real contaría la nuestra.

Pasaba sus dedos por las palabras del libro con tanta fuerza como si quisiera arrancar las letras impresas y tatuárselas para siempre, lo cierto es que ya las llevaba tatuadas en el alma, tan profundo y tan marcadas, que relucía en sus ojos mientras recitaba cada párrafo con un entusiasmo que yo jamás había conocido. En ese momento escuchaba su voz alejándose poco a poco y el sonido de sus cuerdas vocales ya no podían alcanzar esa galaxia a la que me había transportado con su pasión. Entendí por fin, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, que eso es lo que sucedía cada vez que el recitaba sus monólogos interminables, yo me distanciaba para apreciar no solo sus ideas sino ese sentimiento que transmitía y siempre lo atribuí a un desinterés enorme que hizo que me alejara de él con el paso de los años, sin embargo, eso era lo que hacía, apreciaba no solo su extensa capacidad de usar palabras desconocidas para mi y hablar de valores y sueños inalcanzables para un mortal. Es gr