miércoles, 18 de septiembre de 2013

Mi vida un sueño

Me miraba como si no existiese un mañana, con la esperanza de recordar mi cuerpo, mi sonrisa, mis abrazos. Aquella última tarde fue quizás lo que se conoce como "el mejor día de mi vida" , supongo.
Pasábamos el tiempo mirándonos, cerrando los ojos disfrutando y decidimos hundir nos en los abrazos que nacían tan sutilmente, después de algún grito, critica o insulto. Cuantas sonrisas se me escaparon, aún no estoy segura, quizás fueron millones, o quizás ninguna y me pregunto si me extrañas.
Mi cabeza apoyada en tu pecho y tu brazo alrededor de mi cintura, mi lugar favorito desde aquel entonces. Nos encontrábamos tan frágiles, tan expuestos a toda mezcla de sentimientos , pero aún así no nos avergonzábamos y a consientes de las consecuencias que esto traería, decidimos permanecer así, acostados en el césped mirando el cielo y con intervalos de silencio enormes. Escuchando el latir de nuestros corazones al unísono junto con caricias y sonrisa, nos íbamos enamorando, así poco a poco o al menos yo lo hacía. Caía más y más a cada segundo y fue agradable como se sintió por un momento que el tiempo no fluía y que se estancaba en el aire, permitiéndonos disfrutar con más tranquilidad nuestro día  juntos. Sólo ahora que no te tengo cerca me doy cuenta de cada detalle de aquel día, que gracias a ti fui enteramente feliz y sentíamos que volábamos y nos alejábamos de la realidad por un instante fugaz. ¡Como te quise !, ahora puedo decir que te sigo queriendo, que te necesito y que por dentro muero lentamente. Tu aroma se convirtió en una adicción y como un loco lo busco por todos lados, te confieso que a veces lo percibo y por un pequeño instante vuelvo a ser tan feliz como aquel día en el que tus brazos se convirtieron en mi refugio. Hasta ahora no he encontrado otro lugar que me haga sentir como me siento contigo. Te busco dentro de mis sueños y de vez en cuando apareces, entonces despertar se vuelve una tortura para mi. Te busco también en las calles y te espero mirando por la ventana con la esperanza de que aparezcas como aquella vez que llegaste en busca de mi por la madrugada.
Desde qué te conocí no has parado de sorprenderme y sé que nunca lo harás. Me he llevado sorpresas gratas como malas, pero aún así no ha llegado el día en el que he dejado de quererte, es que junto a ti no necesito soñar más, porque haces de mi vida un sueño.