domingo, 10 de febrero de 2013

Confesión

Como si se tratara de algo simple, él me miraba de reojo.Sin siquiera percatarse de lo que había sucedido.Yo le había entregado mi corazón  había confesado lo que sentía y por fin me había logrado convencer a mi misma que lo que había dentro de mi iba mas allá de una amistad , era un amor loco y desenfrenado, pero a él pareció no importarle o a lo mejor le importó demasiado y no sabía que decir. Las palabras ¨ te quiero¨ seguramente se reprodujeron en su cabeza como eco, dejándolo impactado, sin palabras, seguro su corazón se estremeció , impulsándole a responder algo tan pobre como un ¨esta bien¨, en cambio para mi estas palabras fueron las que se quedaron en mi mente causándome dolor y dudas.Probablemente el necesite tiempo para pensar en aquella confesión , pero para mi ese tiempo será el suficiente como para volverme loca. Al menos el cambio de mi estado mental servirá para justificar lo que siento: lo amo con locura.

Momento perfecto

Tenia rostro de indecisión , mientras clavaba sus ojos grandes, que estaban tapados bajo un manto obscuro y enorme de lagrimas sobre mi. Se daba cuanta de que yo la miraba de pies a cabeza contemplando su imperfecta belleza .Ese día ,solo ese día , tuve  el honor de admirarla como ella realmente era. Sus labios perfectamente dibujados , rojos, deliciosos que cada vez que algo le resultaba gracioso, se abrían como una especie de mueca delicada y dulce, acompañada de una hermosa sinfonía de risas desafinadas.Su nariz casi perfecta, grande y recta. Sus ojos, definitivamente son mi parte preferida de su cuerpo, estaban opacados por el mar de lagrimas que retenía en ese instante, pero al fin preciosos.Sus pupilas de un color café indefinido se clavaban sobre mi esperando una respuesta , pero yo no decía nada , su hipnotisante mirada no me permitía  es que el conjunto de sus pestañas totalmente rizadas con la forma alargada pero a la vez gruesa de sus ojos y su color café verdoso, robaba las palabras que estaban próximas a ser escupidas en forma de un tonto y penoso balbuceo. Su cabello castaño y ondulado se enredaba en mis manos mientras yo jugaba como un niño con el, acercándome lentamente hacia sus labios, indeciso pero enamorado, completa y profundamente enamorado. Ella no hizo ningún esfuerzo y paralizada me miraba y suspiraba. No decíamos nada pero a la vez gritábamos por dentro , anticipando  lo inevitable, el beso final que marcaría nuestras vidas.