domingo, 6 de octubre de 2013

Vida


Y así pasa la vida. Vivimos  llenos de engaños y dolor, que sólo ahora nos damos cuenta, ahora que somos lo suficientemente maduros.
Cuando somos pequeños, tenemos la tendencia a creer que la vida es fácil y la inocencia que poseemos no es considerada un crimen sino una virtud.
Los amigos no tenían ningún tipo de interés. El amor de una madre bastaba para sentirse queridos y la felicidad se encontraba sencillamente. Ahora en cambio todo es más complicado. Nos convertimos en esclavos de sentimientos que nunca terminamos de entender como funcionan y esto solo nos provoca tristeza y amargura. Los conceptos de amistad, amor y felicidad son completamente diferentes, ahora todo es fugaz. En el momento que nos damos cuenta que realmente somos dueños de algo, en ese instante todo se viene abajo y como si nunca hubiese existido, se esfuma sin darnos cuenta, sin dejar siquiera huellas y de repente nos encontramos en ese estado de tristeza constante que después de un tiempo ya se vuelve costumbre. Así es como la vida se encarga de demostrarnos que las cosas solo suceden una vez y que hay que saber apreciar el momento, que no somos dueños de nada y que nada es eterno, ni siquiera los recuerdos, lo único que sobrevive es ese sabor amargo que se queda después de que término el instante efímero de sentimiento. La vida pasa en frente de nuestros ojos y no somos capases de darnos cuenta de que nuestras horas y días están contados. 
Una de las cosas que deberíamos aprender es a no dejar de hacer lo que queremos por esperar algo incierto, así a nadie se le pasaría la vida en vano y experimentaríamos más momentos de felicidad, de amor y de amistad . La tristeza se desvanecería por un instante y no estaría tan presente en nuestras vidas.