lunes, 16 de noviembre de 2015

Para un amigo

Hasta las historias más hermosas de valientes caballeros llegan a su fin. Algunas son tragedias insoportables que perduran en nuestras memorias evocando al amargo pasado,, otras son comedias que marcan nuestras vidas con risas llenas de encanto, pero toda historia llega a su fin aunque la vida se oponga con llantos imparables, porque al iniciar una etapa de nuestras vidas, por más prometedora que parezca , es inevitable avizorar su fin, pues la naturaleza así lo marca. Porque la naturaleza pone fecha de caducidad a  las cosas maravillosas y a las amargas, porque la vida es justa y la máxima expresión de justicia es el fin.

Entonces todo se resume al fin de nuestra etapa y nosotros que supimos aprovechar lo que el destino nos preparó, nos despedimos de ella con un llanto amargo lleno de memorias.
Memorias que a simple vista pareces sordas, memorias insignificantes y épicas, memorias estruendosas que magnifican esta etapa inolvidable. Y somos seres humanos que estamos compuestos de sentimientos y todas aquellas memorias se apoderan de cada uno de ellos. ¿De qué están compuestos los sentimientos? Se preguntarán muchos, pero la respuesta a esta pregunta se evidencia en nuestro llanto, los sentimientos están compuestos de memorias, así como las memorias de sentimientos.

Debemos entender que la tristeza es parte de nosotros, así como la felicidad y el encanto, debemos aceptar a cada uno de nuestros sentimientos , porque al negarlos estámos negando a nuestras memorias y al negar nuestras memorias nos negamos a nosotros mismos. Aprendamos a ser felices aún en la etapa de llanto, aprendamos a recibir al fin con un enorme abrazo lleno de gratitud, abramos las puestar a las nuevas memorias, bailemos sobre esta tumba que tanto nos mortifica y riamos enfrente de ella, burlemos a la naturaleza y sigamos creando memorias aún después de la muerte.
Porque todos somos  seres extraordinarios atrapados en un mundo simple, porque somos los que somos, porque juntos crecimos y aprendimos.

Aceptemos de una vez que no nos pertenecemos, porque todos somos parte de todos y aunque esta historia llega a su fin aparente, no nos alejamos del todo, porque aprendimos a ser uno solo  y compartimos memorias y por lo tanto nos compartimos el uno con el otro.
Entonces esta etapa será por siempre infinita en nuestras memorias y negando el final no nos queda más que fue un placer ser uno solo por un momento o quizás por siempre.