lunes, 1 de octubre de 2012

invitación a la locura

Ahí estaba ella , caminando campante por la habitación  mientras sostenía una flor entre sus delicadas manos.Aquella rosa combinaba con el rojo carmín de sus labios. Ella mecía la rosa suavemente, era uno de esos rituales que ella inventaba, pero este era distinto, uno un poco más clandestino de lo habitual, era un ritual  de atracción y yo me mantenía inmóvil en la entrada de la habitación.Me había acostumbrado a contemplarla de lejos. No sabía cómo actuar ante su juego.
  Entonces se acercó a mi  lentamente , sus pasos seguían el compás de una canción antigua, me miraba con tanta intensidad  que podía sentir las puñaladas que sus ojos clavaban  en mi alma en forma de tortura, obligándome a vivir una aventura con ella .
 De pronto se detuvo,a unos cuántos metros de mi locación , esperando que yo tuviese la valentía de acercarme y concluir lo que ella ya había empezado.Tenia miedo. De repente, mis pies se movían en dirección a ella y dejando el miedo de lado,  me acerque a su cuerpo que parecía el cielo y la abracé como si fuera una muñeca de trapo, no me importaba que mi cuerpo se derritiera ni que el suyo se quebrara ante mi fuerza, sentí cómo su aroma se impregnaba en mi cuerpo, en mi ropa, en mi alma. Entonces sentí como su brazo se liberaba de mi trampa mortal para dirigirse hacia su rostro ,ella deslizaba la rosa por sus labios, como indice de que un beso seria el mejor camino para empezar nuestra aventura. Sin vacilar, la besé y por inercia caminé por aquel sendero hacia la aventura. Era tan suave y dulce que decidí disfrutar con los ojos cerrados y así pude apreciar el color de los sueños y saborear el delicado gusto del amor.
Pero aquel camino no llevaba a la aventura, sino a la locura, sentí como la adicción corría por mi sangre, adicción a aquel sabor nuevo que había experimentado casi tan dulce como los cuentos, no quise soltarla, me aferré con todas mis fuerzas y sentí cómo se escapaba  aquel instante de cielo, ella se apartó de mi y yo , en ese instante, perdí la cordura.